
Desde Manos Unidas, como ONG de la Iglesia católica en España, queremos dar la bienvenida al Santo Padre y seguir con atención cada momento de este viaje. Se trata de una oportunidad para “alzar la mirada” y mirar la realidad desde una perspectiva más cercana y humana, sobre todo hacia quienes viven en situaciones de pobreza o vulnerabilidad.
Una ocasión especial de escuchar de cerca un mensaje que ya ha ido resonando en el pontificado de León XIV: la llamada constante a la paz, a la dignidad humana y a no acostumbrarse al sufrimiento de quienes quedan fuera del foco.
“Esta visita nos inspira y nos impulsa a seguir trabajando por un mundo en paz”, explica nuestra presidenta, Cecilia Pilar.
“Gracias, Santo Padre por animarnos a seguir construyendo una Iglesia cercana, humana y comprometida con quienes más lo necesitan”
Por su parte, Monseñor Santos Montoya, consiliario nacional de Manos Unidas, ha querido sumarse a la bienvenida, destacando que la presencia del Papa supone una oportunidad para seguir reflexionando sobre los grandes desafíos del presente y para renovar el compromiso con la dignidad humana y el cuidado de las personas más vulnerables.
Desde Manos Unidas seguimos de cerca las palabras del Papa y su impacto en la labor que desarrollamos como organización. Es una ocasión para reafirmar nuestra misión: acompañar a quienes no siempre tienen voz y recordar que la paz y la dignidad humana no son ideas abstractas, sino realidades que se construyen cada día. En esa misma línea, renovamos nuestro compromiso de seguir trabajando para acabar con el hambre, la pobreza y la desigualdad.

El sábado, nuestra presidenta, Cecilia Pilar, junto a nuestro secretario general, Ricardo Loy, y representantes de la delegación de Madrid, participaron en el encuentro con entidades sociales en Carabanchel. Allí, el Papa nos animó a seguir trabajando con fortaleza frente a las desigualdades que siguen marcando la vida de millones de personas.
Aquí, la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos y, al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones y, al mismo tiempo, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y de la justicia. [...] Como lema para esta visita se han elegido las palabras de Jesús a sus discípulos: «Alzad la mirada» (Jn 4,35). Son una invitación a contemplar los campos que, maduros, esperan la cosecha, y nos recuerdan que la caridad no admite demoras. Si no se cosecha cuando el trigo está maduro, la cosecha se pierde, y esta es nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados: una responsabilidad que consagra cada encuentro con el otro como un kairós, un momento de gracia único e irrepetible para amar, que no hay que perder ni posponer. Papa León XIV.
"Como presidenta de Manos Unidas, hoy he tenido la gran suerte de asistir al encuentro con el papa León en el centro CEDIA para personas sin hogar abierto 24 horas. El lugar en el que nos encontrábamos, los testimonios de las personas atendidas, agradeciendo las palabras del Papa que ve en ellos al Cristo crucificado, llenaron de emoción a todos los que estábamos allí. Gracias Santo padre por la ilusión y la esperanza que nos transmite como hijos de Dios para luchar por un mundo más justo y más humano". Cecilia Pilar. Presidenta de Manos Unidas.

Por la noche, nuestro voluntariado joven se unió a la Vigilia, donde el papa León XIV les invitó a "ser humanos" y a vivir con honestidad, poniendo a las personas en el centro.
Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva. [...] Quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Papa León XIV.
"Miles de jóvenes rezando y cantando fortalecieron la fe. Como dijo el Papa León XIV, luchemos por un mundo más justo y de paz, siendo jóvenes católicos en una nueva humanidad que no tenga miedo de anunciar a Cristo. Orgullosa de ser joven Manos Unidas ¡Alzad la mirada!". Ana. Voluntaria de Granada.
El domingo se culminó celebrando la Santa Misa y acompañando la Procesión del Corpus Christi en la plaza de Cibeles. Una celebración que recordó que la Eucaristía impulsa a salir de uno mismo, reconocer a Cristo en los demás y convertirse en esperanza para quienes más sufren.
Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. [...] He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano. Papa León XIV.
Nos llevamos un mensaje claro: seguir construyendo, juntos, un mundo más justo, más fraterno y en paz.

La estancia del papa León XIV en Barcelona arrancó con la visita a la Prisión de Brians, donde recalcó que los errores en la vida no determinan la identidad de las personas.
(…) Os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar.
Posteriormente, acudió a la Vigilia celebrada en el estadio olímpico de Montjuïc.
Cuando las personas aprenden a detenerse, a dar valor a las cosas importantes, a apreciar el tiempo de modo nuevo y a pensar en la propia vida dejándose iluminar por el Evangelio, desarrollan también un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales a diversos niveles. [...] En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias.
"Ayer, en el Estadio Olímpico de Montjuïc, viví una tarde muy emocionante. Me impactaron especialmente los testimonios de personas que habían pasado por situaciones muy duras, como la depresión o la violencia familiar. El Papa habló de cómo, cuando todo parece oscuro y sentimos que nada vale la pena, Dios no nos abandona, sino que comparte nuestro dolor y sigue caminando a nuestro lado. También destacó la importancia de cuidar la salud mental y de construir una sociedad que sepa acompañar a quienes sufren, en lugar de exigirnos estar siempre bien y ser siempre fuertes. Además, habló de la pobreza, de la acogida a las personas migrantes y de la necesidad de no dejar solas a las personas más vulnerables. Fueron mensajes de esperanza, perdón y segundas oportunidades, y ver a miles de personas reunidas, escuchando y compartiendo ese momento fue una experiencia que recordaré durante mucho tiempo". Elena Señor, del equipo de comunicación de Manos Unidas en Barcelona.
Para Olga Durich, voluntaria del Departamento de Empresas de Manos Unidas en Barcelona, el Santo Padre transmitió una gran cercanía, no solo física, sino también humana. «Daba una enorme sensación de calma y paz. Sentías que escuchaba activamente», explicó. Entre los momentos que más le emocionaron destacó la lectura de la Carta Abierta del niño Renzo, uno de los gestos más significativos de toda la visita. «Esperaba que hubiera escuchado lo que alcanzamos a decirle: Manos Unidas estaba con usted, padre».
Por su parte, Silvia Caparrós, delegada de Manos Unidas en Barcelona, definió la celebración en la Sagrada Familia como “una auténtica celebración del amor». Recordó que el lema del templo, inspirado en una frase de Gaudí —“Primero el amor, después la técnica”— conectaba profundamente con el mensaje de la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV: la necesidad de que todo esté impregnado de humanidad.
Según Silvia, el amor estuvo presente en toda la celebración: en la liturgia, en la música, en la participación de la comunidad y en cada detalle de una ceremonia cuidadosamente preparada. El momento culminante llegó con la bendición de la Torre de Jesús. «Fue una explosión de luz y amor. Todos alzamos la mirada y muchos no pudieron contener las lágrimas. Fue un momento precioso, glorioso y único».
Durante su intervención, el papa León recordó que la Sagrada Familia sigue siendo una obra inacabada, pero aclaró que eso no representa una carencia, sino una promesa. «Hoy son tiempos para construir», afirmó, invitando a seguir edificando una sociedad más humana, fraterna y solidaria. La iluminación de la Torre de Jesús, la recreación de Gaudí mediante drones y la emoción compartida por miles de personas devolvieron a Barcelona una imagen de unidad y esperanza que muchos identificaron con el espíritu solidario y universal que la ciudad ha mostrado en otros momentos históricos.
Además, el Santo Padre dejó un mensaje rotundo sobre la paz y la dignidad humana que resonó entre los asistentes:
No podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria.
Una visita marcada por la belleza, la emoción y una llamada firme a construir un mundo más humano, donde la paz, la solidaridad y el cuidado de los más vulnerables ocupen siempre el centro.
El papa León XIV cerró su visita a España con una parada en Canarias, último destino de su viaje. En las islas centró gran parte de su agenda en la migración, visitando espacios vinculados a la llegada de personas migrantes y reuniéndose con equipos de acogida y organizaciones sociales.
Durante su estancia insistió en la necesidad de una respuesta más humana y coordinada ante las rutas migratorias hacia Europa, subrayando la dignidad de las personas que llegan a las costas canarias.
Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio. [...] No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?