La pobreza se agudiza entre los más vulnerables

La gran crisis que vive hoy Asia es fundamentalmente económica.

India/Jesuitas de Patna

Una parte muy relevante de la población en Asia sobrevive con los ingresos que genera día a día y que, dadas las medidas de confinamiento, no está pudiendo obtener.

En cuanto arrancó la crisis del coronavirus, contactamos inmediatamente con nuestros socios locales para prestarles nuestro apoyo y ayuda. Como primer paso les ofrecimos la posibilidad de que utilizaran las reservas de fondos que pudieran tener sus proyectos –por tipo de cambio favorable, intereses bancarios, etc.– para comprar alimentos y kits sanitarios para las poblaciones más necesitadas. Adicionalmente, les autorizamos a extender el período de ejecución de los proyectos y a solicitar el cambio de uso de algunas partidas presupuestarias que no podrían ejecutarse a causa del confinamiento, para sustituirlas por la compra de kits de ayuda humanitaria.

Gracias a la rápida intervención de nuestros socios en esos primeros momentos, pudimos apoyar de urgencia a cerca de 15.000 familias en situación de extrema vulnerabilidad.

«La época de la cosecha ya ha terminado y los agricultores tribales no han podido vender su producción porque los mercados estaban cerrados… El otro gran problema es la salud, en este frente tenemos que seguir trabajando para conseguir que las poblaciones cambien sus hábitos higiénico-sanitarios» (Padre Stany Pinto, Rajpipla Social Service Society Gujarat, India).

La incidencia sanitaria de la pandemia en los países del sudeste asiático está siendo menor que en otras regiones. Las principales consecuencias de esta crisis son sociales y económicas y vienen dadas por el parón económico causado por el confinamiento y los cierres de fronteras, centros escolares, empresas, mercados… Las consecuencias de todo ello en una población residente, en muchos casos, en asentamientos chabolistas y con trabajos muy precarios, provoca una inseguridad alimentaria grave y una agudización de la pobreza y la vulnerabilidad. En este contexto, estamos trabajando con nuestros socios locales en proyectos de ayuda alimentaria urgente, así como de agricultura y medios de vida para fortalecer a estas comunidades en el medio y largo plazo.

Al inicio de la pandemia, el confinamiento impuesto por el gobierno indio cogió a sus habitantes por sorpresa y los jornaleros que trabajaban en las grandes ciudades (140 millones, según estimaciones) se encontraron, de la noche a la mañana, sin trabajo y sin poder ir a sus lugares de origen al ser cancelados los viajes en tren y autobús. Muchos iniciaron entonces el regreso a pie pero, al llegar a los límites del estado, les impidieron salir. El gobierno puso en marcha entonces un plan para proporcionar ayuda de emergencia a los ciudadanos que cuentan con la cartilla de BPL (Below Poverty Line), pero son muchos los que no la tienen, por diferentes motivos, por lo que se encuentran totalmente desatendidos.

India/Jesuitas de PatnaEn Líbano, Palestina, Jordania y Siria el confinamiento se inició temprano debido a la experiencia vivida en Irán y la situación se vio «beneficiada» al coincidir con el Ramadán, que conlleva una casi total parada de la vida cotidiana durante el día. Nuestros socios están tratando de mantener los proyectos «en pausa», ya que no se puede realizar ninguna actividad. Los países más afectados son Siria que, a la cruenta guerra civil que dura ya más de 10 años, se añade esta crisis que ha provocado el cierre de todas las fronteras, lo que –en el caso de la frontera libanesa– supone un dramático obstáculo para la entrada de la mayoría de bienes y remesas; y Líbano, donde el confinamiento ha agravado aún más la crisis económica que se desató a finales de 2019.

En términos generales, y a pesar de que el virus se originó en Asia, la incidencia sanitaria no está siendo, de momento, lo grave que cabría pensar; al menos oficialmente. Pero seguimos en comunicación permanente con nuestros socios para reaccionar con urgencia cuando sea necesario.

Texto de Ramón Álvarez. Departamento de Proyectos de Asia.
Este artículo fue publicado en la Revista de Manos Unidas nº 212 (junio-septiembre 2020).

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