No hay paz sin justicia, ni cuidado de la naturaleza sin el de los más pobres.
Del 1 de septiembre al 4 de octubre, Manos Unidas celebra el Tiempo de la Creación, un periodo ecuménico que nos invita a orar, reflexionar y comprometernos con el cuidado de nuestra Casa Común, como respuesta agradecida al Padre por el don de la creación.
Durante estas semanas, cristianos de diferentes confesiones celebramos, en unidad, el don y la belleza de la creación, y renovamos nuestro compromiso de protegerla y hacer posible una vida digna para todos. El Tiempo de la Creación es un periodo para abrir el corazón a la acción ecológica y para sembrar, desde la fe, semillas de paz, esperanza y justicia.
«En Manos Unidas no tiramos la toalla y creemos que todavía hay motivos para la esperanza. Podemos imaginar un planeta sano, justo y en paz. En la Biblia, esperar no significa quedarse de brazos cruzados, sino moverse, orar, cambiar y cuidar nuestra casa común, el planeta, en solidaridad con toda la humanidad», afirma Ricardo Loy, secretario general de Manos Unidas.
Desde Manos Unidas proponemos vivir este periodo como una etapa de reflexión, pero también de movimiento, escucha y compromiso con quienes más sufren los efectos de la crisis climática. Bajo el lema «Semillas de paz y esperanza» y en línea con la Conferencia Episcopal, iglesias europeas y del sur global, queremos ser testigos activos de una ecología integral.
Además, este año se celebra el 10.º aniversario de la Laudato si', la carta encíclica más ecologista de la Iglesia que el papa Francisco escribió y publicó en 2015.
El Tiempo de la Creación se celebra cada año entre el 1 de septiembre —Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación— y el 4 de octubre —fiesta de San Francisco de Asís—. Esta iniciativa nació en 1989 dentro de la Iglesia ortodoxa y fue adoptada posteriormente por diversas Iglesias cristianas. En 2015, el papa Francisco la incorporó oficialmente a la tradición de la Iglesia católica, invitando a toda la comunidad a orar, reflexionar y actuar en favor de la Casa Común.
Se trata de un tiempo ecuménico, es decir, compartido por distintas confesiones cristianas —católicos, ortodoxos, protestantes, anglicanos, entre otras— que se unen en la oración y el compromiso con la creación. Esta dimensión de unidad expresa la convicción de que el cuidado del planeta es una responsabilidad común de toda la humanidad.
Vivimos en un mundo marcado por la desigualdad, donde los países enriquecidos continúan acumulando una deuda ecológica y financiera con los pueblos más empobrecidos.
La realidad ya se ha denunciado muchas veces y sigue siendo igual de dura: muchos países del Sur global destinan más dinero a pagar la deuda externa que a invertir en la protección de ecosistemas, en modelos de agricultura sostenible, energías limpias o sistemas de consumo responsables. Son víctimas de un orden económico global que coloca los intereses financieros por encima de la vida de miles de millones de personas y del futuro del planeta.
Por tanto, la condonación de deuda no es un gesto de caridad, sino un imperativo de justicia y una cuestión ineludible para garantizar que la vida siga siendo posible en muchas regiones del Sur global.
En este periodo también reflexionamos por los urgentes cambios que necesita el actual modelo económico; una economía extractivista y depredadora del territorio que destruye la naturaleza y golpea con dureza a las comunidades más vulnerables. Manos Unidas y nuestros socios locales a lo largo y ancho del Sur global llevamos décadas siendo testigos de cómo la minería a gran escala y un afán de lucro desmedido destruyen territorios y modos de vida.
La explotación sin medida de los recursos naturales y el impacto desigual de la crisis climática exigen respuestas urgentes.
Estamos ante un periodo que invita a la esperanza. No una esperanza pasiva, sino una que impulsa cambios para un tiempo nuevo, buscando despertar a la sociedad para la promoción de caminos fraternos y de cuidado de la Casa Común.
En el marco del Jubileo de la Esperanza 2025, Manos Unidas recuerda que no hay paz sin justicia ni cuidado real de la naturaleza sin cuidado de los más pobres. De cara a la próxima COP30 (Cen Belém [Brasil], reclamamos a los Gobiernos y líderes mundiales a que impulsen una transición justa, que pongan en el centro a los pueblos más afectados y promuevan un modelo basado en la solidaridad y el bien común.
«El periodo que iniciamos hoy es también una oportunidad para reconfigurar las relaciones internacionales y avanzar hacia un modelo de vida más equitativo y sostenible para todos. Confiamos en que el impacto de las políticas climáticas sobre las personas pobres y vulnerables permanezca en la mente y en el corazón de los líderes y expertos reunidos en la COP, en un momento en que los desafíos sociales y ambientales están profundamente interconectados», añade Ricardo Loy.

Manos Unidas anima a todas las personas, comunidades e instituciones a participar activamente en el Tiempo de la Creación, a través de gestos sencillos pero significativos:
Que nuestras manos se unan para construir un mundo más justo, fraterno y habitable para todos.
Para cuidar la creación, para proteger a cada hombre y cada mujer, mirándolos con ternura y amor, es necesario abrir un horizonte de esperanza; es dejar que un rayo de luz atraviese las nubes y traer el calor de la esperanza. Papa Francisco, homilía de inauguración (2013).