Ante el fallecimiento de monseñor José Antonio Álvarez

Manos Unidas despide con agradecimiento y dolor al obispo auxiliar de Madrid.

Hoy es un día triste para Manos Unidas. El primer día de octubre hemos amanecido con una dolorosa noticia: Monseñor Álvarez, nuestro querido Pepe Álvarez, obispo auxiliar de Madrid y viceconsiliario nacional de Manos Unidas de 2015 a 2018, ha fallecido esta noche a los 50 años.

En Manos Unidas lamentamos profundamente la partida de monseñor Álvarez, siempre dispuesto a trabajar en favor de los más necesitados. En sus años como viceconsilario, Pepe Álvarez participó muy activamente en la labor de nuestra asociación y tuvo un papel muy importante en la formación de los miembros de Manos Unidas.

 

 

En el año 2016 monseñor Álvarez viajó con Manos Unidas a conocer los proyectos que apoyamos en el estado indio de Uttar Pradesh. Allí pudo convivir y «tocar», como nos pedía el papa Francisco, a los más pobres. A esas personas por las que trabajamos en Manos Unidas. Sus compañeros de viaje le recuerdan como un hombre alegre y transparente, hasta el punto de que a menudo «iluminaba» todo y a todos los que tenía a su alrededor. Afable y simpático, con gran sentido del humor, abierto y honesto, entregado al 100 por 100.

Por eso y por mucho más, en Manos Unidas vemos a echar de menos a ese Pepe consejero, amigo, compañero.

Echaremos de menos su mirada franca y tranquila y su sonrisa, pronta y abierta. Y agradeceremos siempre su entrega y su compromiso con la causa de los más desfavorecidos.

El pasado mes de febrero, el día de la Jornada Nacional de Manos Unidas, tuvimos la fortuna de poder compartir con monseñor Álvarez la eucaristía y de escuchar sus palabras, emitidas desde el corazón, en las que las que hablaba de esperanza:

Adentro, muy adentro del mar de este mundo, en las orillas más extremas y en muchas periferias, nos aguardan quienes ya hicieron ese viaje mar adentro y se quedaron con ellos. Misioneros, voluntarios, hombres y mujeres generosos y solidarios. Ellos están allí, y nos dan sus manos. A ellos podemos unir las nuestras. Hagámoslo ahora, hagámoslo siempre. Con las manos unidas adentrémonos hacia la luz que nos alcanza desde el horizonte de todos los mares del mundo (…).

Sí, unamos nuestras manos y hagámoslo con confianza y alegría. Porque, adentro muy adentro, nos aguarda el mismo Señor que nos llamó. El que se identifica con la suerte de los sufrientes y el que alienta y sostiene nuestro viaje.

Estamos seguros de que nuestro querido José Antonio Álvarez viaja ya en esa barca que le acerca a la llamada del Señor.

Hoy, todos los que formamos Manos Unidas le despedimos con gran dolor y rezamos por su eterno descanso, con la certeza de que volveremos a encontrarnos en la Casa del Padre.

Monseñor Álvarez; Pepe, GRACIAS.

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