Una Amazonía que clama justicia: el drama del feminicidio y la orfandad tras la violencia en Ecuador

Violencia de género en la Amazonía ecuatoriana: mujeres en resistencia y esperanza

Una Amazonía que clama justicia el drama del feminicidio y la orfandad tras la violencia en Ecuador. Fotografía: ALDEA

La Amazonía ecuatoriana sigue siendo uno de los territorios con mayores índices de violencia de género del país. En un lugar de profunda riqueza natural y cultural, las mujeres (especialmente indígenas y campesinas) se enfrentan a barreras estructurales que vulneran sus derechos, limitan su autonomía y ponen en riesgo su vida.

En este contexto, Manos Unidas refuerza su labor junto con su socio local, la Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Alternativo (Fundación ALDEA), para contribuir al derecho de las mujeres amazónicas a vivir libres de violencia y a ejercer una autonomía económica real y sostenible.

Una realidad marcada por el femi(ni)cidio y la orfandad

Entre 2014 y 2025, en la Amazonía ecuatoriana se han registrado 147 femi(ni)cidios, con víctimas que, en muchos casos, no superaban los 24 años (datos recopilados por Fundación ALDEA).

Estas cifras estremecen, también, por la certeza de que representan solo los casos registrados: muchas muertes quedan invisibilizadas, enterradas en el silencio, sin nombre, sin justicia.

La violencia deja además una estela de orfandad, ya que, de ellas, al menos 71 mujeres eran madres. Como consecuencia, niños, niñas y adolescentes quedan desamparados tras el asesinato de sus progenitoras, enfrentando una ruptura de su entorno afectivo y familiar (el 16% de los hermanos fueron separados), desarraigo y precariedad emocional y económica.

Estas infancias heridas por la violencia estructural requieren una atención urgente: acompañamiento psicológico, social, económico, educativo… No basta con visibilizar los números: es necesario reparar vidas y garantizar futuro a estos niños y niñas.

La violencia de género deja una estela de orfandad. Niños, niñas y adolescentes quedan desamparados tras el asesinato de sus progenitoras. Fotografía: ALDEA
La violencia de género deja una estela de orfandad. Niños, niñas y adolescentes quedan desamparados tras el asesinato de sus progenitoras. Fotografía: ALDEA

Mujeres sin protección en territorios altamente vulnerables

Las provincias de Orellana, Napo y Pastaza (zonas prioritarias del proyecto conjunto de Manos Unidas y Fundación ALDEA) son territorios amazónicos con alta biodiversidad, habitados por pueblos Kichwa, Waorani, Achuar, Shuar y comunidades mestizas.

Sin embargo, estas regiones enfrentan enormes presiones socioambientales por actividades extractivas como el petróleo y la minería, la deforestación y el avance de la frontera agrícola.

A esta crisis ecológica se suma una profunda precariedad social: escaso acceso a agua saludable, sistemas deficientes de alcantarillado y salud pública, altos niveles de analfabetismo y una economía mayoritariamente informal.

Las mujeres indígenas, en particular, viven la violencia de forma más intensa: el 70,5% ha experimentado algún tipo de agresión, y muchas sufren discriminación lingüística, expulsión de sus comunidades tras denunciar, pérdida total de bienes y ausencia de redes de apoyo.

La actualización del Mapa de Femi(ni)cidios y la campaña #AmazoníaLibreDeViolencias (liderada por la Red de Mujeres Amazónicas, la Red Nacional de Casas de Acogida y Fundación ALDEA) muestran que el problema va más allá de los casos individuales: se trata de una violencia estructural, sostenida por desigualdades de género, impunidad y falta de recursos estatales para prevención y atención.

Mapa de feminicidios en la Amazonía. Campaña #AmazoníaLibreDeViolencias
Mapa de feminicidios en la Amazonía. Campaña #AmazoníaLibreDeViolencias

 

Manos Unidas impulsa el derecho a una vida libre de violencia y la autonomía económica

Para responder a esta crisis silenciosa, Manos Unidas apoya el proyecto “Derecho a una vida libre de violencia y autonomía económica con mujeres amazónicas”, implementado por Fundación ALDEA, que supone la continuación de un proyecto anterior con el mismo objetivo.

Una de las prioridades del proyecto es reforzar la labor de las casas de acogida que operan en la Amazonía ecuatoriana, espacios que se han convertido en el último refugio seguro para mujeres que huyen de la violencia extrema.

En Orellana y Napo funcionan Casa Paula y Casa Wasi Pani, dos centros que, además de ofrecer protección inmediata, brindan acompañamiento psicológico, asesoría legal, atención infantil y apoyo para reconstruir la vida desde cero.

Estas casas reciben a mujeres indígenas, mestizas, afrodescendientes y también a mujeres en movilidad humana, muchas de ellas expulsadas de sus comunidades tras denunciar a sus agresores. Llegan sin recursos, con sus hijos e hijas en brazos, y con la urgencia de encontrar un espacio que les garantice seguridad.

El proyecto de Manos Unidas y Fundación ALDEA busca fortalecer tanto los equipos de trabajo (a través de intercambios, capacitación y mejora del equipamiento) como la calidad y continuidad de la atención, para que estas casas sigan siendo un pilar esencial de protección en la región.

Autonomía económica para romper el ciclo de violencia

La violencia de género en la Amazonía está atravesada por la pobreza y la dependencia económica. Por ello, una de las apuestas centrales del proyecto es acompañar a las mujeres supervivientes para que puedan generar sus propios ingresos y construir un futuro autónomo.

En Orellana, se fortalecerá un emprendimiento colectivo liderado por mujeres usuarias y exusuarias de la casa de acogida, con mejoras en su infraestructura productiva, capacitación en mercadeo y la obtención del registro sanitario para nuevos productos.

En Napo, el foco estará puesto en emprendimientos individuales y en la creación de un laboratorio de iniciativas productivas que permitirá a las mujeres capacitarse, experimentar y desarrollar proyectos económicos viables. Estas acciones buscan que las mujeres no solo superen la emergencia inmediata de la violencia, sino que puedan sostener su nueva vida con independencia, dignidad y estabilidad.

Visibilizar la violencia y exigir justicia

El silencio y la impunidad siguen siendo dos de los mayores obstáculos para erradicar la violencia de género en la Amazonía. Por eso, el proyecto incorpora un componente fuerte de sensibilización y denuncia pública: se actualizarán y publicarán nuevos mapas de femi(ni)cidios, una herramienta crucial para mostrar la magnitud de los asesinatos de mujeres en la región y para exigir respuestas institucionales.

La iniciativa también impulsará una campaña de comunicación junto a organizaciones indígenas, fortalecerá la articulación de la Red de Mujeres Amazónicas y promoverá intercambios con funcionarios públicos responsables de la atención y protección de víctimas. Además, se acompañarán de manera piloto cinco casos de femi(ni)cidio, con el fin de avanzar hacia la justicia y visibilizar los fallos del sistema.

Con estas acciones, Manos Unidas y Fundación ALDEA buscan romper la normalización de la violencia y abrir espacios de presión social y política para que las mujeres amazónicas sean escuchadas y protegidas.

Un compromiso que salva vidas

El trabajo de Manos Unidas, junto con Fundación ALDEA y la Red Nacional de Casas de Acogida, demuestra que es posible transformar realidades incluso en los territorios más vulnerables.

No se trata solo de acompañar a mujeres sobrevivientes; se trata de garantizarles el derecho a vivir sin miedo, de proteger a la infancia marcada por la violencia y de impulsar comunidades donde la igualdad sea un pilar básico.

La Amazonía ecuatoriana clama justicia. Desde Manos Unidas reafirmamos nuestro compromiso: no más mujeres víctimas de violencia de género. Porque una Amazonía libre de violencias es posible.

 

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