Las voces jóvenes son muy potentes y necesarias para el cambio. Las voces jóvenes son las que estarán mañana para seguir luchando por un planeta vivo y por una transición justa.
Belén es una joven voluntaria de Manos Unidas que se unió a la organización a través de la delegación de Alicante buscando unirse con jóvenes de su edad. Fue en 2018, a través de un campamento de la entidad, cuando despertó su pasión por el cuidado del planeta. A partir de ese momento su implicación fue creciendo y en Manos Unidas encontró el espacio para canalizar su compromiso con la justicia ambiental y la solidaridad global, así como una comunidad que comparte su visión de un mundo más sostenible y equitativo.
Como voluntaria, Belén ha sido una voz activa en la defensa del medio ambiente, participando en campañas y jornadas de formación sobre cambio climático, economía circular y consumo responsable. Ha colaborado en la organización de campamentos sostenibles, promovido iniciativas de consumo responsable y participado en encuentros nacionales sobre extractivismo y justicia ambiental. Su labor también la ha llevado a ser ponente en la Escuela de Voluntariado de Galicia, donde comparte con otros jóvenes la importancia del uso responsable de los recursos. Su formación en ingeniería le permite aportar una perspectiva técnica y práctica a su activismo, como demostró con su proyecto de acondicionamiento acústico en Honduras, utilizando materiales reciclados.
Su participación en la COP30 en Brasil representa el fruto de años de compromiso voluntario, formación y activismo e interviene como representante del voluntariado joven de Manos Unidas en este encuentro. La organización Manos Unidas participa cada año en este evento.

Me motivó el hecho de juntarme con un grupo de jóvenes dentro de Manos Unidas. Yo nunca me había implicado en temas de crisis climática ni nada por el estilo hasta que me dijeron que había un campamento sostenible en el Mas de Noguera en verano de 2018 y a ese campamento estábamos convocados los jóvenes de Manos Unidas. Solo por conocer gente nueva a la que le pueden interesar los mismos temas que a mí me apunté.
Ese campamento se convirtió en una revolución para mí: me abrió los ojos, me hizo ver otra realidad que necesitaba mucha atención, que era muy importante ponerle remedio o al menos mitigar los problemas que ocasionaba la crisis climática. Ese campamento me hizo ver que sin acciones en presente probablemente no tendríamos futuro.
A partir de ahí me impliqué de lleno en temas de medio ambiente, en los sábados online durante la pandemia, en mi forma de vivir… me volví más consciente del impacto de nuestras decisiones y nuestros hábitos. Me impliqué como formadora en el último campamento sostenible de Manos Unidas en el Más de Noguera. Realicé mi Trabajo Fin de Grado de manera sostenible. Tratar de frenar la crisis climática es un estilo de vida al que yo he intentado sumarme.
Mi vivencia más impactante diría que ha sido la ponencia de los jóvenes. Ahí me di cuenta de que las voces jóvenes son muy potentes y necesarias para el cambio. Las voces jóvenes son las que estarán mañana para seguir luchando por un planeta vivo y por una transición justa.
Aunque, de manera más informal, me gustaría destacar la cena con Darío, Pedro, Pedro y Marco. Con la Red de Iglesias y Minerías. Esa cena me pareció súper enriquecedora, los temas de conversación que surgieron fueron muy alentadores, me dieron esperanza y confianza en el futuro. Fue una cena increíble.
El mensaje más importante que creo que deberíamos lanzar es: “Una transición verde no sirve si por el camino nos dejamos gente atrás y nos cargamos el planeta”. Con esto quiero decir que no sirve maquillar el extractivismo de transición verde. Si la transición no es justa para todos, no sirve; si la transición no es respetuosa con el planeta, no sirve; si la transición no es para todos, NO SIRVE.
El extractivismo es un problema que está absolutamente presente en todo el mundo, también en España, y está ocasionando problemas realmente graves que maquillamos de transición verde porque sirve para “dejar atrás los combustibles fósiles y pasar hacia una energía más ecológica, más verde”.
Sin embargo, no sirve de nada si para hacer esa transición estamos acabando con la tierra, las aguas y contaminando el aire. Si estamos eliminando ecosistemas y estamos haciendo que las personas tengan que emigrar porque el Estado ha vendido sus casas.
El fin no justifica los medios: necesitamos una transición justa, para todos, incluyendo el planeta.

Los jóvenes tenemos un papel muy importante porque somos presente y futuro de este planeta. Ahora mismo somos los que más vamos a sufrir la crisis climática porque somos los que, por ley de vida, nos quedamos.
Tenemos que ser voz de cambio y, sobre todo, de esperanza en un mundo en el que muchas personas la están perdiendo.
Por eso veo necesario que cada vez más jóvenes adoptemos un cambio de vida hacia una vida mucho más sostenible. Considero que lo mejor que podemos hacer es predicar con el ejemplo y como decimos en Alicante “tota pedra fa paret” (toda piedra hace pared, todo sirve para ayudar).
Al tener un estilo de vida más sostenible y mostrar que se puede vivir de esa manera, ofrecemos alternativas y nos convertimos en referentes para otros.
Considero que deberíamos aprender de la movilización que realiza la juventud en los países de América del Sur. Aprender de esos jóvenes en pie de guerra y que se apropian de una lucha que creo que es de todos. Tienen una manera de reivindicar y de decir las cosas tan clara que de verdad llega al alma. Considero que es necesario tener líderes así en España.
En cuanto a qué podemos hacer cada uno desde nuestro lugar, como ya he comentado antes, pienso que lo mejor es predicar con el ejemplo llevando un estilo de vida sostenible. Porque llevar un estilo de vida sostenible no es renunciar a nada: es mandar el mensaje a la sociedad de que necesitamos un cambio en nuestra manera de vivir y consumir necesario para el planeta. Porque solo tenemos uno y necesitamos que nos dure muchos millones de años más.