Tanzania: Gladys Oningo, la mujer que susurra a las mariposas

Transformamos la vida de mujeres jóvenes vulnerables.

Tanzania. Foto: Javier Mármol/Manos Unidas

Cuando formas y capacitas a una mujer, no solo cambias su vida: cambias la de toda su familia.

Recientemente, Gladys Oningo, coordinadora de proyectos de desarrollo de Cáritas Dar es-Salam, visitó las oficinas de los Servicios Centrales de Manos Unidas en Madrid. Aprovechamos esta visita para charlar con esta mujer que dedica su vida a sacar lo mejor que llevan dentro las mujeres que acuden a los talleres que la diócesis ha puesto en marcha para dotarlas de oportunidades.

Las mujeres que han pasado por este centro, que recibe apoyo de Manos Unidas, se cuentan por centenares. Son jóvenes, son madres y son cabeza de familia de hogares en los que la pobreza y la falta de oportunidades han llegado a entrecruzar sus caminos para convertirse, con esfuerzo, en esperanza y superación.

Gladys trabaja en los asentamientos informales de la considerada capital económica de Tanzania, donde falta de todo: educación, trabajo, agua y saneamiento, y donde imperan el alcohol, la droga y la violencia, incluidas las agresiones contra las mujeres.

 

 

Como en un susurro, esta mujer grande y fuerte, que respira calma y serenidad, narra el origen de este proyecto, orientado a dotar de oportunidades a mujeres jóvenes desesperadas por encontrar sustento y seguridad para sus hijos.

«Cada día llegaban a nuestra oficina mujeres muy jóvenes pidiendo comida, material escolar o ayuda médica para sus hijos —explica Oningo—. A veces podíamos ayudarles, pero muchas otras no. Y pronto nos dimos cuenta de que así no estábamos solucionando el problema de fondo», relata la coordinadora de proyectos de desarrollo de Cáritas Dar es-Salam.

La raíz del problema: pobreza, abandono y falta de oportunidades

La mayoría de las mujeres con las que trabajan son muy jóvenes. Muchas tuvieron que dejar la escuela tras quedarse embarazadas; otras nunca llegaron a retomarla. Y, empujadas por la necesidad, se ven abocadas a situaciones extremas.

Son muchos los contextos en los que estas niñas y jóvenes quedan embarazadas. Gladys Oningo se refiere a algunos de los más comunes. «Hay chicas que se quedan embarazadas de compañeros de escuela, pero son ellas las que abandonan los estudios, mientras los chicos continúan. Otras, a veces empujadas por sus propias familias, mantienen relaciones con hombres sin recursos, que no pueden hacerse cargo ni de ellas ni de sus hijos. En algunos casos, ni siquiera saben quién es el padre del bebé. Otras tienen hijos fruto de violaciones o de relaciones no deseadas».

Muchas mujeres jóvenes, empujadas por la necesidad, se ven abocadas a situaciones extremas. Fotografía: Manos Unidas
Muchas mujeres jóvenes, empujadas por la necesidad, se ven abocadas a situaciones extremas. Fotografía: Manos Unidas

Y, aunque existen leyes que obligan a los varones a asumir la manutención de los hijos, la realidad es mucho más compleja. «Muchos hombres viven también en condiciones muy precarias o desaparecen. Solo en un porcentaje muy pequeño se puede reclamar legalmente una pensión», señala.

De la ayuda puntual al empoderamiento real

Ante esta situación y la creciente demanda de ayuda, el socio local de Manos Unidas decidió cambiar el enfoque. «No podíamos seguir dando solo ayuda puntual. Teníamos que capacitar a estas mujeres para que pudieran sostenerse por sí mismas», afirma Gladys.

El equipo realizó encuestas, visitas domiciliarias y grupos de discusión en los barrios de origen de las mujeres. El diagnóstico fue claro: ingresos muy bajos, falta de formación y pobreza heredada.

«Había madres que mandaban a niñas de 12 años a “buscar comida”. Eso, en la práctica, significaba buscar a un hombre que se la proporcionara. Ahí entendimos que el problema no era solo económico, sino también educativo y cultural», relata Oningo.

Un proceso de transformación personal

El proyecto comienza con un trabajo profundo de transformación personal. Para explicarlo, Gladys utiliza la metáfora de la mariposa. «Les contamos que la mariposa, antes de llenarse de vivos colores, es un huevo que se transforma en larva. Son feas y nadie quiere mirarlas. Pero al final se convierten en algo bello. Les decimos: “Ahora estáis en una fase difícil, pero podéis cambiar”».

A partir de ahí, trabajan la autoestima, la responsabilidad personal y la visión de futuro. «Les pedimos que reflexionen sobre su vida, pero también que dejen atrás el pasado y se pregunten quién quieren ser y cómo quieren vivir», añade.

Después llega la formación práctica: costura, panadería, cocina, elaboración de jabón, batik, mecánica y gestión de pequeños negocios. «Queremos que tengan opciones reales para elegir a qué dedicarse —explica Oningo—. Y que sepan gestionar su dinero, ahorrar y hacer crecer su actividad».

Fotografía: Manos Unidas
Fotografía: Manos Unidas

Cada semana, las mujeres se reúnen en grupos de ahorro, devuelven préstamos, se apoyan entre ellas y, algo fundamental, comparten tiempo y descanso. «Muchas de estas mujeres y niñas cargan con historias muy duras. Necesitan espacios para reír, hablar y sentirse acompañadas», explica la coordinadora de proyectos de desarrollo de Cáritas Dar es-Salam.

Además, con los años, el socio local de Manos Unidas detectó otro problema clave: la salud mental. «Muchas han sufrido abusos por parte de familiares, parejas o personas cercanas. Algunas son VIH positivas y, aunque sus negocios funcionen, emocionalmente están rotas».

Por eso el proyecto incorpora acompañamiento emocional y espacios seguros. «Si no sanas por dentro, es muy difícil sostener cualquier cambio», subraya Gladys.

Historias que devuelven la esperanza

Con el tiempo, los resultados de este proyecto son visibles. «Tenemos mujeres que empezaron aprendiendo costura y hoy diseñan vestidos de boda. Otras han montado panaderías, comprado terrenos, construido sus casas o aprendido mecánica», cuenta Gladys con orgullo.

Algunas han regresado a sus comunidades para formar a otras mujeres. Otras han rehecho su vida familiar. «Este proyecto ha dejado un legado: mujeres que vuelven a sonreír y a creer en sí mismas».

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