Sin justicia social, la paz no es más que una palabra

La amenaza de la guerra ha vuelto al Tigray.

Sin justicia social, la paz no es más que una palabra. Fotografía: Goitom

Goitom nació hace 30 años en la región etíope de Tigray. Sabe que fue en junio, pero nunca ha sabido qué día. El año no se le despista. Asegura que fue en 1994… Podría haber nacido en otro lugar del mundo, pero no; su destino, desde hace unas tres décadas, está ligado al de la localidad donde vio la luz por primera vez y donde pocas veces se respira la paz.

Dice que cuando nació no había guerra. Y no miente. Pero sí sufrió las consecuencias de la contienda civil que, en 1991, terminó con la dictadura militar de Mengistu Haile Mariam y dejó un país sumido en la miseria. Años después, vivió el conflicto que enfrentó a su país con la vecina Eritrea. Hostilidades que acabaron con una paz inestable firmada en el año 2000.

Goitom no sabe lo que es la justicia social. Esa justicia con la que se intenta garantizar que todas las personas, sin importar dónde nacen o cuál es su situación económica, tengan las mismas oportunidades para desarrollar su vida. Esa justicia que tantas veces se equipara con dignidad y que, más allá de la igualdad ante la ley, implica el acceso a derechos básicos como la educación, la salud, la vivienda o el empleo digno.

La guerra y la pobreza han marcado su vida desde siempre. De niño pasó hambre. Y esa hambre condicionó su asistencia a la escuela, su capacidad de atender y concentrarse y, con ello, su futuro. La enfermedad y la falta de acceso a la sanidad y a la medicación adecuada terminaron con la vida de sus padres, y su poca capacitación y el entorno de pobreza en el que vive le impiden tener un empleo estable. Cada día acude al lugar donde se reparte el trabajo en su localidad. A veces consigue llevar algo a casa; las más, vuelve con las manos vacías.

La guerra y la pobreza marcan la vida en el Tigray. Fotografía: Marta Carreño
La guerra y la pobreza marcan la vida en el Tigray. Fotografía: Marta Carreño

Hace unos meses Goitom se estrenó con la paternidad. Su hijo, como él, ha nacido cuando en el Tigray todavía se sienten las consecuencias de la última guerra: la que enfrentó al ejército federal contra el pueblo tigré. Dos años de aislamiento que acabaron con el tejido social de la región más septentrional de Etiopía y despertaron las tensiones dormidas con Eritrea. El hijo de Goitom ha nacido en una familia pobre y, si las circunstancias no mejoran, tendrá grandes dificultades para romper ese círculo de pobreza que se hereda entre padres e hijos.

Para ello, es necesario que la justicia social encuentre un lugar en su localidad. La educación de calidad y accesible para todos los niños y jóvenes será la llave que abra la puerta a un trabajo digno, en el que se respeten los derechos y se reciba un salario decente con el que poder hacer frente a las necesidades más básicas y alcanzar la necesaria inclusión social.

Para poder hablar de sociedades realmente justas, las mujeres del entorno de Goitom tendrán que tener las mismas oportunidades que los hombres. En todos los ámbitos: económicos, educativos y sociales. Entonces, cuando ellas puedan recibir educación y acceder al empleo, y cuando su voz se escuche por igual en la toma de decisiones, será cuando realmente se empiece a construir la paz y el tejido social devastado.

Para poder hablar de sociedades realmente justas, las mujeres del entorno de Goitom tendrán que tener las mismas oportunidades que los hombres. Fotografía: Marta Carreño
Para poder hablar de sociedades realmente justas, las mujeres del entorno de Goitom tendrán que tener las mismas oportunidades que los hombres. Fotografía: Marta Carreño

La historia de Goitom podría ser la de muchas de las personas por las que trabaja Manos Unidas desde hace 67 años. La campaña «Declara la guerra al hambre» es un grito que se alimenta de las ansias de justicia de millones de personas. Una apuesta por la erradicación del hambre y la pobreza; por el empleo digno, por la educación, por la igualdad y los derechos humanos.

Es comprender que la justicia social empieza en las personas, para crear un mundo mejor.

Y mientras, la amenaza de la guerra ha vuelto a llamar a las puertas de Goitom.

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