En respuesta a la crisis climática y a los conflictos.
Las crisis climáticas y los conflictos están golpeando con fuerza a miles de familias en África oriental. Inundaciones, sequías prolongadas y desplazamientos forzados están dejando a la población sin recursos básicos, poniendo en riesgo su alimentación, salud y educación. Ante esta situación, Manos Unidas ha activado intervenciones de emergencia para proteger a las comunidades más vulnerables.
El río Ngong ha vuelto a desbordarse a su paso por Mukuru. Un año más, las intensas lluvias han inundado las calles y viviendas de ese enorme asentamiento informal que crece en los alrededores de Nairobi, la capital de Kenia. Desprevenidos por el adelanto de la temporada de lluvias y por la intensidad de las precipitaciones, los habitantes de las zonas más próximas al río no han podido poner a salvo sus escasos enseres, mientras asistían con miedo a la crecida del río.

El agua del río desbordado corría por los callejones arcillosos, arrasando todo a su paso, inundando numerosas viviendas y causando graves daños en las ya limitadas infraestructuras sanitarias, centros educativos, servicios de salud y sistemas de abastecimiento de agua potable del barrio. Como consecuencia, muchas familias viven actualmente en condiciones extremadamente difíciles e insalubres.
«Se han quedado sin ropa y sin artículos básicos para el hogar. Además, el cierre temporal de industrias locales y la destrucción de pequeños negocios han dejado a numerosas familias sin ingresos y sin acceso a productos de primera necesidad», asegura Goril Meisingset, coordinadora de proyectos de Manos Unidas en el este de África.
Ante esta situación, Manos Unidas ha acudido a la llamada de emergencia de nuestro socio local, la congregación de las Sisters of Mercy.
«Durante tres meses, vamos a distribuir paquetes de ayuda alimentaria, entre 100 familias muy afectadas por las inundaciones. Cada kit está compuesto de harina de maíz, arroz, frijoles y aceite de cocina, además de enseres domésticos y de higiene esenciales. Esenciales», explica Meisingset.
Asimismo, y con el fin de garantizar la continuidad educativa de la infancia afectada, el proyecto proporcionará libros de texto y uniformes escolares a 50 alumnos de la Escuela Primaria St. Elizabeth, gravemente afectada por las inundaciones. Además, mediante la dotación de dos ordenadores se contribuirá a restablecer la capacidad operativa y administrativa del centro educativo.
La sequía prologada, consecuencia del fenómeno de La Niña está teniendo graves consecuencias en algunas regiones de África. Se estima que, actualmente, en Kenia hay entre 2,1 y 3,4 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria y las expectativas son que estas cifras aumenten.
En el norte y noroeste de Kenia la escasez de lluvias está originando la disminución de aguas subterráneas y pozos que se van secando. Se estima que el 65 % de los recursos hídricos han desaparecido.

La falta de agua está repercutiendo grandemente en las vidas de los pastores seminómadas que habitan la zona. «La escasez de agua y alimentos está provocando la muerte del ganado o la pérdida de su valor en el mercado por falta de calidad», explica Meisingset. A esto hay que sumar el incremento de los conflictos por el robo de ganado o de los pocos alimentos disponibles en los hogares», añade.
Es habitual que los estudiantes solo hagan una comida al día y que en muchas ocasiones dejen de asistir a la escuela por hambre o debilidad. La repercusión en la educación y desarrollo físico de estos niños y niñas es notable. «A esto hay que añadir que es frecuente que falten a la escuela para ir a buscar agua, para lo que recorren largas distancias de hasta 14 km».
Los misioneros de la Consolata han solicitado nuestra colaboración para hacer frente a la emergencia alimentaria entre la población.
Durante ocho semanas, repartiremos 31 kilos de maíz y 24 kilos de judías secas a más de 8000 personas, en un proyecto que se enmarca en el ODS n.º 2 «Hambre Cero».
El proyecto se está desarrollando en la región etíope de Gambella, cerca de la frontera con Sudán del Sur, donde la población se multiplica a medida que aumentan las tensiones internas en Etiopía y el conflicto en el país vecino.
Este complejo contexto, sumado a los importantes recortes de la ayuda humanitaria en la región por parte de grandes organismos internacionales, ha agravado, entre otros, la inseguridad alimentaria de más de 400.000 personas solo en la región de Gambella.
La crisis empuja a la población local y las familias de personas desplazadas internas a acudir a las parroquias en busca de ayuda. Como respuesta a estas demandas, el vicariato de Gambella, nuestro socio local en la zona, ha activado su «Plan de respuesta a emergencias» a nivel parroquial, con objeto de poder suministrar asistencia alimentaria básica a las familias más vulnerables de la región.
El vicariato de Gambella nos ha solicitado apoyo para poder entregar raciones alimentarias compuestas por maíz, lentejas y aceite vegetal con la que contribuir a mejorar la calidad de vida de 4500 personas de 15 parroquias del vicariato muy afectadas por la situación.
Durante tres meses, distribuiremos asistencia alimentaria de emergencia para 900 familias. La puesta en marcha del proyecto se basará en la organización parroquial de Gambella, que continúa funcionado pese a lo complicado del contexto.
Además, se hará una evaluación postdistribución que permita supervisar y adaptar el proceso a las circunstancias.